martes, 18 de agosto de 2015

Cabalgando junto a Odín

Ciclar junto al amplio río Hvita se convierte en un acto gozoso hoy que los vientos duermen en la cueva de alguna montaña perdida. Las aves, las nubes...el agua que fluye plácida, todo invita a pararse, tomar fotos y charlar con los compañeros. Yo decido separarme del grupo y sumergirme en mi viaje particular. Al sentir un fuerte retumbar a mi lado, giro el rostro y veo que Odín, a lomos de Sleipnir, su caballo de ocho patas, cabalga a mi lado. Su mirada profunda me observa enigmáticamente, sobre él vuelan sus dos cuervos: Hugin -el Pensamiento- y Munin -la Memoria-, éste último se dirige a mí volando y se posa sobre el manillar de la bici. Es inmenso, negro como la noche y sus plumas brillan con destellos de plata y azul eléctrico gracias a los rayos de este fugitivo sol islandés. Ladea la cabeza y me invita a que me sumerja en las profundidades de esas canicas azabaches que son sus ojos...
 
 ...Estoy en Perú, subiendo un puerto, sufriendo del soroche -mal de altura-, preguntándome si seré capaz de afrontar este primer viaje cicloturista de larga duración e intensidad. Raquel López pedalea tranquila, escuchando música en sus cascos, feliz. En ese momento, de la curva aparece un camión que nos llena de polvo al pasar...
... Estoy en Madrid, en el Retiro, paseando, con un libro en mis manos...
... Pedaleo junto a Águeda, en la Vía Verde de la Sierra de la Demanda, nos ponemos en paralelo y nos cogemos de la mano, mirándonos, fundiéndonos con la noche que empieza a cubrirnos...
... Frío, lluvia, un puerto, otro... Me siento inmensamente poderoso, mi corazón late fuerte cuando coronamos, Antonio y yo, la cumbre. Antonio, mirada serena, sabia. "Je suis a petit suisse". Nos reímos, satisfechos, mientras los Alpes se derraman, verdes, a nuestros pies...
... El ocre lo cubre todo. Paisaje marciano de marrones, rojos, amarillos, naranjas, ocres... Las palmeras se mecen suavemente a las orillas del Dra. Marruecos se deja pedalear poco a poco, con calma, bajo la mirada milenaria de los hombres recostados a la sombra. Nos paramos junto a una duna. Raquel Ibáñez me abraza, el viento agita el pañuelo tuáreg, azul índigo, que cubre mi cabeza...
... Estamos subiendo la cuesta de la Vega. Hermesleinchen va delante, de pie sobre Rockallosa, vamos a bailar swing a un clandestino. Los coches bufan detrás, inquietos, impacientes por adelantar estos molestos ciclistas urbanos...
... Ángela se queja del sillín, cuando descabalga de Excálibur en esta Vía Verde de los Ojos Negros. Óscar, de pie a mi lado, observando el magnífico paisaje, me pasa unos frutos secos. Charlamos sobre lo fácil que es dormir donde sea, cuando sea, lanzando sacos y esterillas siempre que el tiempo lo permita. Ángela... Ángela... Quiero a esta locuela inteligente de altos ideales que tanto dificultan nuestra relación. Su primer viaje cicloturista a mi lado, ¿será, también, el último?...
...Me subo a la bici de nuevo, pedaleo y dejo atrás a los massais tanzanos que, desde el cruce de caminos, me ven marchar reteniendo en sus manos los billetes que me han cobrado por hacerme una foto con ellos...

Los recuerdos que Munin estimula me acompañan en esta jornada tranquila. Cuántas gentes. Cuántos años. Cuántos viajes... Las personas que una vez compartieron nuestros caminos son huellas en una arena que se lleva el viento... Quién me iba a decir que iba a acabar siendo cicloturista... Que a punto de cumplir los 47 iba a estar pedaleando junto a glaciares y volcanes... Es curioso cómo la vida siempre nos sorprende cuando miramos hacia atrás. Tanto esfuerzo, tantos planes mirando hacia adelante y el futuro nunca es como lo imaginamos alguna vez. Los filósofos no dejan de decírnoslo, pero no les creemos. Preferimos ampararnos en esos planes que otorgan seguridad, confianza, fe... Castillos sobre los que construir futuros para afrontar nuestros miedos e incertidumbres...
El cuervo da un par de aletadas negras para no perder el equilibrio sobre mi manillar. Sleipnir trota tranquilo a mi lado. Las manos recias de Odín sujetan las bridas con firmeza. Una montaña se abre frente a nosotros. El dios hace un gesto con la cabeza y Munin regresa a su lado. Les observo marchar y difuminarse sobre el fondo nevado de una montaña oscura... Me detengo, bebo agua, observo la hechizante mole negra, vestida de retazos blancos, que se va haciendo cada vez mayor a medida que me acerco. Ajusto mis cascos de música y continúo. Escucho a Dion Dimucci, cantante norteamericano de ascendencia italiana que simboliza, para mí, el más dulce y melódico doo wop blanco de los 50 americanos. "All the things you are" se introduce como un bálsamo por mís oídos, mi alma... Las calles del Bronx aparecen nítidas sobre estos campos en los que vuelan las gaviotas árticas. Un hispanogermano escuchando música grabada en Estados Unidos hace sesenta años mientras pedalea Islandia. ¿No es fascinante, increíble, que el ser humano sea capaz de atravesar tiempos y espacios para hacer que seres tan diferentes y distantes puedan escucharse y, de algún modo, conocerse?
"Suave, suave, tómate el puerto con calma, amigo mío, llevas mucho peso -más que nunca debido al trekking que vamos a hacer en Landmannalaugar, (de los más bellos, dicen, del mundo) donde montañas de color caramelo y nieve fundida inundarán nuestras retinas- ", me digo ". A los 16 kilos de la bici y los 28 de equipaje" calculo ", hay que sumarles los, por lo menos, 8 de comida (acopio extra por los días sin posibilidad de avituallamiento) y los 69 míos, lo cual hace un total de... 121 kilogramos!!! Dioses nórdicos! Cuando caiga extenuado sobre esta carretera sin arcén mandad a las Walkyrias que me recojan y lleven a la Walhalla para que podamos sentarnos a beber hidromiel juntos! Que las batallas vividas y sufridas a lo largo de nuestras innumerables vidas sean motivo de risas y alegrías!


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