Mi llegada es observada por diferentes aves, curiosas, que se preguntan qué hago yo por allí...
Tras dejar mi equipaje en el Hostal Juvenil, me acerco de nuevo al centro de la ciudad pedaleando junto a un mar que empieza a oscurecerse, buscando un ciber café desde el cual poder escribir algunas entradas antes de irme a cenar...
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| El Ground Zero es un ciber donde los islandeses juegan de manera colectiva, sentados en enormes mesas con cuatro monitores cruzados, a juegos online de carreras y monstruos. Gritan, ríen... mientras yo escribo estas líneas |
Después de cenar, vuelvo al hostal. Ha caído la noche. Todo el cielo está negro, entintado, menos una ventana en el horizonte. Ese es el lugar donde pueden bailar las auroras boreales. Me detengo y observo. Hace mucho, mucho frío. El cielo, clareado por tonos verdes y anaranjados, no parece mostrar ninguna luz oscilante. Continúo mi pedalada...
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| Este es el modo en que Polifemax, mi magnífica cámara Panasonic, capta esos rayos de un sol que, en esta parte del mundo, no acaba de despedirse... |
A la mañana siguiente, vuelvo a la ciudad. El sol me muestra un mar apacible, luminoso...
He decidido gastarme el poco dinero en efectivo que me queda y, luego, tirar de tarjeta para el resto de gastos. En Islandia puedes pagar absolutamente todo con tarjeta, desde una chocolatina hasta una cena...
Paseo por una ciudad semiadormecida por un sol suave, mimoso, que invita a tomar un café en las mesas que dichos establecimientos tienen en la calle. Islandeses y turistas nos cruzamos por estas calles en las que los edificios muestran todo tipo de estilos.
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| Las bicis descansan plácidamente, sin candar, por todas partes. No he visto un solo coche de policía en este mes. No hay mendigos ni se observa una sola situación en que te sientas amenazado. |
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| Bloques de viviendas estilo Ikea: funcionales, sencillos, bicolor, que, al menos, tienen espacio para respirar entre sí. |
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| La mayor parte de las casas tienen fachadas cubiertas con canalones metálicos de diferentes colores. |
En algunos lugares, el arte invade las calles, los edificios y solares. El color alegra la vista. Reikiavik es una ciudad amable donde se camina tranquilo (siempre que no sople el viento o el sol se esconda tras las nubes...)
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| ¿Ciclonudista islandesa? |
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| Incluso en la pérdida de guantes encuentran los reikiaviqueños un motivo para decorar un rinconcito |
Luego me voy a comer al Lebowski Bar. Comer en Islandia sale por un ojo de la cara. Una sopa con pan puede costar doce euros. De pescados y carnes, no hablemos, pues en cuanto te quieras dar cuenta -tal y como acabo de escuchar comentar a unos españoles que han pasado a mi lado-, te has gastado cincuenta, así que opto por lo menos caro: un restaurante estilo americano donde Bea y Nacho comieron la otra vez. Al ritmo de Chuck Berry y Ray Charles, observo las gentes pasar y a los alemanes del bar emocionarse con un partido de fútbol. Me gustaría que Santi estuviese aquí, le encantaría la decoración de este espacio que rinde homenaje a la que creo que es su película favorita...
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| La creatividad inunda el restaurante. El marco del espejo de hombres, en cuya parte superior se lee "Man of the year", es uno más de los detalles... |
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| No, no he girado la cámara para hacer esta fotografía. Una pista de bolos se extiende por una de las paredes. Los objetos, clavados, desafían la fuerza de la gravedad... |
Después, ya saciado, paseo por la ciudad desarrollando una nueva faceta fotográfica que Polifemax, mi nueva cámara, propicia: el vouyeaurismo.Su objetivo indiscreto capta escenas cotidianas que narran, mejor que las palabras, los hábitos de estas gentes...
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| A pesar del frío, muchos de ellos pasean sin ningún abrigo. Es lo que tiene ser un vikingo... |