nos abre sus brazos para que le conozcamos, pero con una condición: ser cautos. Avisos de diversa índole, y una placa que emociona -en recuerdo a dos alemanes desaparecidos en ese lugar- nos hacen extremar las precauciones al caminar por este maravilloso lugar.
Sentados, cuando ya no queremos seguir avanzando por considerarlo ya demasiado arriesgado, escuchamos el quebrarse de los hielos, el fluir de las aguas y el desprendimiento de las rocas desde diversos puntos.
Es inquietante mirar hacia arriba, hacia esa ladera de montaña vertiginosa donde te encuentras y saber que en el momento más inesperado puede producirse una avalancha de rocas sobre ti...
| ¿Veis a Rubencillo, cara pillo, allí abajo? |
Pasado el tiempo prudencial, nos marchamos con cautela. Respeto y medida. Nunca hay que olvidarlo. El resto ya depende de tu suerte...
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