sábado, 29 de agosto de 2015

El cielo de Skaftafell

se encarga de darme la despedida, ahora que estoy a punto de irme a Reikiavik. Bajo él, escondiéndose, unas crías de zorro ártico se escabullen de nuestras rodadas... Muñequitos de peluche que no me permiten enfocar bien la cámara y a los cuales fotografío cuando ya se encuentran muy muy lejos...




Luego, con calma, seguimos pedaleando hasta el camping de Skaftafell, donde pasearemos por entre las lenguas glaciares, observando el increíble paisaje que el retroceso del glaciar ha dejado, los riachuelos que buscan el mar en ese desierto oscuro...





Una vez más se abre ante nosotros una esplendorosa cascada, un órgano de piedra desde el que cae una cola de agua elegante y alegre...



Y como cierre -vaya regalo de día- unas nubes fascinantes capturan mi atención. Luego me meteré en el saco, muerto de sueño, y unos minutos después vendrán mis amigos, corriendo, a decirme que me asome: una aurora boreal está surcando el cielo... Islandia se despide de mí con fuegos artificiales...




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