martes, 25 de agosto de 2015

Compañeros de viaje

Ignacio es el explorador que supervisa los mejores lugares para atravesar ríos, montar las tiendas o descender los senderos. Sus ojos verdes, cuando está tranquilo, o azules, cuando se pone nervioso, observan posibilidades de orientar mejor los vientos o de optimizar los pesos. Es una fuerza de la naturaleza contra la que, en numerosas ocasiones, se estrella Bea. Flujo y reflujo de mareas y rocas que intentan encontrar un baile común. Cada día que pasa nos entendemos y comunicamos mejor. Tiene ese algo de niño grande, juguetón, que la mayoría de nosotros perdimos hace tiempo o que tanto nos cuesta encontrar en nuestro interior...






Bea por su parte, canta y disfruta como una niña grande introduciendo sus pies descalzos en la fina arena volcanica o pisando el mullido musgo que se extiende sobre los campos de lava. Es una hedonista nata que bromea con cada contratiempo y lo incorpora al viaje, enriqueciéndolo. Fue la que propuso este destino y la que, de algún modo, por dicho motivo, sigue liderando el viaje. Por sus manos y labios fluyen mapas, nombres innombrables, horarios y tarifas de autobuses que han de ser, permanentemente, invocados.

Rubén empezó el viaje con un rechazo al clima y dureza de las primeras pedaladas. Luego, lentamente, fue entrando en la experiencia a través de su fino e irónico humor. Rubén viaja no sólo con su equipaje. Su cabeza está poblada de interrogantes que precisan respuestas, las cuales, probablemente, ya han sido halladas pero le cuesta aceptarlas. Con Rubén comparto charlas que quedan tendidas sobre las piedras negras, rojas, amarillas que pisan nuestros pies y que, de cuando en cuando, nos dan un susto y hacen que nuestros cuerpos le tomen las medidas al suelo que pisamos. Hemos conectado bien y me siento a gusto a su lado.




Yolanda es una figura en la lejanía, una silueta recortada sobre el fondo nevado, unos ojos azulgrisáceos que callan no sólo palabras sino, también, sentimientos. Yolanda es un ser deseando amar, un alma inquieta que añade kilometraje diario, excursiones extra, una vez acampados, en  las que descubre otros mundos y paisajes a los que el resto de grupo, ya satisfechos de la jornada realizada, no queremos asomarnos.

Mario es una sombra de color. Mapas y gepeeses, prendas técnicas y mochilas minimalistas acompañan un vocabulario preciso, unos planes preconcebidos y automeditados que quedan flotando como estelas de polvo cuando le veo marchar junto a su pareja, Chus. Un geyperman -como dice Bea- que espera al otro lado del frío río para, generosamente, cruzarlo una y otra vez portando bultos y bicicletas ajenos. A su lado, sonriente, bromeando, Chus. Diminuta y,como yo, friolera, es también un esbozo fugitivo con el que apenas coincidimos a lo largo de los pocos días de viaje que hemos compartido. Nuestro encuentro verdadero queda, imagino, para más adelante...

Me gusta el modo en que Andoni y Nárel se aman. Hay ternura en cómo se buscan y encuentran. Andoni, mapa en ristre, añade comentarios precisos e ingeniosos respecto a cuanto ocurre, su faceta de "gamer" de juegos de mesa es un pozo insondable de hechizos y submundos que me intriga y complace. Nárel es, entre otras cosas, voz de teleñeco cuando bromea que aguanta, con estoicismo y resignación, los contratiempos del viaje y clima. Enfundada en cuantas prendas de abrigo ha traído, sus ojitos se ven allí, en el hueco que dejan su gorro y su braga. Nárel, recuerdo imprevisto del universo angeliano que empieza a quedar tan lejos ya... Proyectos neorurales extremeños vividos por ambas en tiempos distintos y que, al ser comentado, me retrotrae a otros paisajes, otra mirada...





















Es un buen grupo, se pedalea bien con ellos y entre todos se crea un espacio amable, sin más tensiones de las necesarias.

Y, por último, yo. Un ente que hace malabares con el frío, los recuerdos y las emociones bloqueadas -que no parecen querer ser soltadas por ahora- y cuyos pensamientos me conducen, irremisiblemente, a un nombre femenino esdrújulo.

Me despido ya por hoy. El viento sopla. El doble techo de la campaña se mueve con violencia, las gotas de lluvia, perlas de acero líquido, lo golpean con rabia mientras yo, crisálida de luces y sombras, me sumerjo en el saco de dormir...

No hay comentarios:

Publicar un comentario