miércoles, 26 de agosto de 2015

Coqueteando con la hipotermia

1-Cruzar ríos glaciales en chanclas con las que seguirás pedaleando el resto del día pues ya no merece la pena secarte los pies y ponerte las zapatillas de nuevo, dado que vivirás -sufrirás- alrededor de veinte vadeos en esta jornada, por fin!, ciclista...
2- Lluvia fina, que te va calando con calma a lo largo de las aproximadamente siete de las ocho horas de ruta...
3- Niebla.
4- Manos congeladas que no tienen ya sensibilidad para bajar cremalleras o cambiar de marchas.
5- Cuestas arriba con grava negra, fina, resbaladiza.
6- No parar siquiera para comer y echarnos a la boca, con rapidez, un trozo de galleta de chocolate o un puñado de frutos secos. Temblores al coger los alimentos.
7- Algo de viento, que intensifica los escalofríos que empiezan a recorrer mi espalda...

Qué hay más allá del frío, de este no poder mover las manos o del dolor en los tobillos al cruzar estos hermosos ríos?
La insensibilidad.
Tras el intenso dolor viene la insensibilidad. Reflexiono sobre ello mientras pedaleo, o pongo pie en esta tierra negra, y empujo a Walkyria porque no soy capaz de subir algunas cuestas montado sobre ella. Así también sucede en el mundo emocional o sentimental. Si hay vacío es porque ha habido un intenso sufrimiento previo. Mecanismo de defensa. Tomo nota de ello y sigo pedaleando, ayudando y siendo ayudado a atravesar estos increíbles paisajes y parajes que hoy sí que podemos decir que nos quitan el aliento. Los vehículos siguen pasando, los conductores nos sonríen, saludan e, incluso, algunos de ellos,  detienen el coche y aplauden. Jornada épica que culmina con un regalo inesperado: un refugio donde dormir, secos, donde ducharse, con agua hirviente, donde cocinar, charlando, con este compañero grecoalemán, Nico, que nos ha acompañado a lo largo de esta intensa jornada pedaleando su bici reclinada y observando, con serenidad, los ríos para indicar el mejor lugar donde vadearlos. Todo un caballero alemán que aporta seguridad al grupo -es la tercera vez que visita Islandia- y conversaciones interesantes que compartimos como híbridos germanos que somos.
Nos acostamos con las puntas de los dedos de nuestras manos muy secas, agrietadas y cosquilleantes, anestesiadas.
Insensibilidad...
Observo mi corazón, tic, tac, tic, tac, al meterme en el saco, órgano hipotérmico que, parece, a veces, empieza a descongelarse... A mi lado, en una de las literas compartidas en esta sala de veinte camas, un francés ronca y resopla en la oscuridad. Habrá que ponerse tapones...









No hay comentarios:

Publicar un comentario