Mi amiga Bea me propuso, para este verano, acompañarla en un viaje cicloturista a Islandia. Volcanes, icebergs, focas, piscinas geotermales, zorros polares, glaciares, ballenas... Vikingos... Naturaleza salvaje... Extensos espacios vacíos... Noches blancas y probables auroras boreales...
Tras haber pedaleado solo, el año pasado, por Senegal, me pareció un buen contraste. Del ardiente sol africano al gélido abrazo nórdico. De la soledad a la compañía. Opuestos que enriquecen y obligan a flexibilizar, a adaptarse a las circunstancias que la vida y el viaje propician.
Este blog es un nuevo hijo literario que me nace, una vez más, al calor de las vacaciones, ese espacio de tiempo en el que todo vale, en que se rompen las reglas de la cotidianeidad y se puede embarcar uno, por qué no, en un drakkar en busca de nuevos horizontes.
Pongo a punto mi bicicleta. Observo mapas y temperaturas, intento -sin éxito- leer las decenas de mensajes que los compañeros de viaje, estimulados por la aventura, generan. Reviso mi escudo. Estudio kilometraje. Afilo mi espada.Odín me observa desde Asgard. Sentado en su trono, acaricia su barba y prepara sus desafíos. Agarrando con fuerza el remo, el manillar, miro el cielo que pronto se tornará gris y le digo que estoy listo -o eso creo- para el juego. Escucho una lejana risa...
Tras haber pedaleado solo, el año pasado, por Senegal, me pareció un buen contraste. Del ardiente sol africano al gélido abrazo nórdico. De la soledad a la compañía. Opuestos que enriquecen y obligan a flexibilizar, a adaptarse a las circunstancias que la vida y el viaje propician.
Este blog es un nuevo hijo literario que me nace, una vez más, al calor de las vacaciones, ese espacio de tiempo en el que todo vale, en que se rompen las reglas de la cotidianeidad y se puede embarcar uno, por qué no, en un drakkar en busca de nuevos horizontes.
Pongo a punto mi bicicleta. Observo mapas y temperaturas, intento -sin éxito- leer las decenas de mensajes que los compañeros de viaje, estimulados por la aventura, generan. Reviso mi escudo. Estudio kilometraje. Afilo mi espada.Odín me observa desde Asgard. Sentado en su trono, acaricia su barba y prepara sus desafíos. Agarrando con fuerza el remo, el manillar, miro el cielo que pronto se tornará gris y le digo que estoy listo -o eso creo- para el juego. Escucho una lejana risa...

Buen viaje, compañeros. Enfrascad algunas auroras boreales y traédnoslas a iberia. Y si Loki se pone travieso, ya sabéis a qué martillo acudir. Seguiremos cada uno de vuestros pasos desde este universo virtual. Colgad muchas fotos y algunos poemas.
ResponderEliminarBesos,
H.
Ánimo guerreros!!!
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